El otro hijo. Mejor digámosle Pedro. Parte 1.

Me enteré que no iba a tener un bebé perfecto a la semana 30. Ya conté que se me vino el mundo abajo. “¿Cómo puede ser si venía todo bien?”, me decía. Estos días estuve revisando cada ecografía de Viole. Tuve miles, primero por las pérdidas y después de la semana 30 porque había algo raro y había que descifrarlo. Y no, no estaba todo tan bien como me habían dicho. En el scan fetal, la cabeza de la nena estaba 2 semanas atrasada. Después de la semana 30, 3 semanas. Y Violeta entre todo lo que tiene, tiene también microcefalia.

Hoy cumplo 30 semanas de embarazo.

No iba a escribir sobre esto porque siempre que cuento algo bueno, me pasa algo malo. Llamenlo lechuceo, ojeo, como quieran pero posta. Digo, “la nena no tiene focos epilépticos” y a la semana tiene. En fin, tarde o temprano la noticia la tenía que dar. Y si sale algo malo, también. En todo caso debería hablar de mis dos hijos con discapacidad.

Pero por ahora no.

Y lo escribo para darle un lugar a este nuevo hijo. Para no olvidarme de este embarazo tan poco registrado en papel, pc, fotos y demases.

Pedro llegó de sorpresa total. No es que no estaba para nada en nuestros planes pero no teníamos la idea ahora por cuestiones económicas, personales, etc. Tampoco en teoría debería haber quedado porque me tenían que subir la dosis de levotiroxina. Pero acá estamos.

Viole se tenía que hacer una radiografía con tracción y necesitaba que alguien me ayude. Unos días antes, empiezo a tener mucho dolor de mamas. Sabía que había tenido un descuido y una semana antes de mi fecha de menstruación me hice el test. Casi me desmayo. Lo primero que pensé fue lo que seguramente todo el mundo pensó cuando dije la noticia “¿Y ahora cómo hago?”. Me llené de miedos, estuve muy nerviosa. Mi mayor preocupación era que no pasara de las 12 semanas. Tengo que hacer mucho peso yo sola y siempre, todos los días. ¿Cómo iba a sobrevivir ese bebé con mi vida? Por otro lado, con Viole tuve pérdidas. ¿Cómo iba a afrontar un reposo absoluto con una nena que depende 100% de mí y no tengo prácticamente a nadie que me de una mano? Hasta que pensé “Bueno, si este bebé sobrevive a todo esto, es porque tiene que ser” . Y eso me alivió un poco. A medida que lo fui contando, creo que todos se alegraron pero en el fondo pensaron que me metí en un problema. Eso es lo que yo sentí.  Por mi parte, tuve momentos donde no paraba de mirar el papel higiénico cada vez que iba al baño. Buscaba hilos de sangre, la desgracia. Sobre todo a la semana 7, que fue cuando empecé con las pérdidas el embarazo anterior.

No pasó nada de eso.

Otro tema fue contarle a los médicos. Justo a la semana 5, Viole tuvo cita con la genetista. Se puso muy contenta. Antes de que me dijera nada, le adelanté que no me iba a hacer una punción para ver si venía con problemas por mi edad (algo que me había ofrecido hace un tiempo cuando le comenté que quería tener otro hijo) y que no quería que nadie se ponga espamentoso, que quería vivir un embarazo tranquilo. Se lo tomó bien. Esta noticia, obviamente aceleró el proceso del microarrays en la obra social que me lo aprobó el mismo día. Así que Viole se hizo finalmente el genético, cuyo resultado estuvo el lunes pero todavía no lo fui a buscar. Las probabilidades no me importan. Aunque hubiera un 50%, nosotros íbamos a tener a este hijo.

El pediatra, sin saber que yo estaba embarazada me dijo “Hacete el genético más que nada porque si tenés otro chico es un peligro”. CHAN.

En el fondo, yo presentía que iba a estar todo bien, que no era un peligro. Así que no le di mucha bola al comentario. La neuróloga fue la más optimista, la que me dio más impulso. Me dijo que esto va a ser un gran estímulo para mi hija. Y así lo creo yo también.

La que no se lo tomó bien, fue Violeta. Tuve la mala idea de hablar de todo delante de ella, pensando que no me entendía. Y entiende. Estuvo una semana y media triste, llorando en el colegio, llorando en todos lados. Se lo tuve que explicar bien y fue peor. Al tiempo, se le pasó. Tiene momentos en los que está bien y momentos en los que no. Si alguien le dice “Vas a tener un hermanito”, llora. Me partió el alma verla llorar, sobre todo en el colegio, pero la verdad es que me alegra saber que entiende perfectamente lo que pasa, que reacciona como cualquier chico de su edad. Eso es mucho.

La primer ecografía de Viole fue de urgencia. Tenía pérdidas y la expectativa no era conocerla, como le pasa a todo el mundo, sino que estuviera viva. La previa, la viví como la experiencia de mierda que fue. Respiré cuando la ecográfa me dijo que el bebé estaba bien pero que tenía un hematoma. Ahí me tranquilicé pero sabía que un paso en falso y la perdía. En este embarazo, todo fue distinto. Lo viví, como cualquiera. No fue de urgencia, la previa fue un “quiero conocerlo, escucharle el corazón”. Y eso mismo pasó, lo conocí, escuché el corazón. Por primera vez, estaba viviendo la normalidad.

El primer trimestre, y pasada la semana 7, lo viví tranquila. Sin poder creer que sólo había tenido una ecografía. Mis mayores preocupaciones eran los constantes vómitos. Las preocupaciones del 99% de la población. Las preocupaciones que en el embarazo anterior yo creía que eran de “las boludas a las que no les pasa nada”.

Este embarazo aprendí a ponerme un poco en los zapatos del 99% de las mujeres. Aprendí a no menospreciar los problemas de los demás.

Y tengo que decir la verdad: estuvo bueno. Qué lindo es estar en sus zapatos.

(Continuará)

 

 

El año escolar. Diluyendo el dulce de leche repostero.

Hoy se terminaron las clases. La mayoría de los padres suben a Facebook alguna foto de su hij@ con la leyenda “(próximo año) No te tenemos miedo” o “Qué orgullos@ estoy de vos, hijit@”. Siempre que veo esas cosas digo, “pero qué gente boluda, cualquiera pasa de salita” o “le escriben a un pibe que está en jardín y no sabe leer. Orates”. Eso claro, hasta hoy. Me tocó a mí. No subí nada a Facebook pero sí  me sentí orgullosa de mi hija porque su primer año escolar fue un éxito. Obviamente tiene el plus por la simple razón de que Viole tiene HPE y  ningún colegio (salvo el que la aceptó) puso fichas en ella y creyó que podía cursar en una escuela común. “No estamos preparados para un caso así” “Tenemos escaleras” “No tenemos las herramientas para trabajar con tu hija”  “Creemos que va a estar mejor en una escuela especial”. Su escuela, a pesar de los miedos del principio, miedos lógicos porque era la primera vez que aceptaban a una nena con una discapacidad como la de Violeta, creyó que podía. Y pudo. Me terminaron diciendo que Violeta los sorprendió. El informe escolar dice “Violeta es muy importante para el grupo (…) Logró, con ayuda de su integradora, el juego simbólico y adaptarse a las rutinas propuestas”. Digamos, logró los objetivos del currículum de su sala. Sólo tengo palabras de agradecimiento a su colegio y sobre todo, a su directora que nunca me puso un pero.

La fonoaudióloga de Viole siempre me dice que la gente cuando ve a un chico con discapacidad motora, sólo ve su cuadro. Al verlos postrados, con espasticidad, etc, atomáticamente ven a un chico con retraso mental. Y no siempre es así. No digo que Viole no esté un poco más atrás que un chico de su edad, pero demostró poder hacer cognitivamente muchas cosas. Con el Tobii ya juega, elige música y de a poco se la puede ir evaluando. Saber qué es exactamente lo que sabe. Esperemos que con el tiempo, pueda salir de su cuerpo y hacerse realmente entender.

Mucha gente, sin necesidad de ser mala leche, ojo, me dijo “Hay que ser realista. Si no puede hablar, no puede ir a un colegio común”. O sea, estoy negando la realidad. Creo que me dijeron eso porque sólo ven su cuadro. No la conocen. Creen que todos los chicos con su diagnóstico son iguales. A todos les pasa lo mismo. Y no. No es así. Yo me daba cuenta que mi hija entiende los chistes, que camina en el caminador si hay un nene dando vueltas, que sabe lo que es una fruta, que no es lo mismo que un churrasco,que los perros van con los perros y los zapatos con los zapatos, entre otras. Algo me decía que ella podía. Y lo intenté. Si mi nena no estuviera conectada, no supiera ni dónde está, me diera cuenta que no entiende, no hubiera preguntado ni en medio colegio.

La verdad, no sé cuál va a ser su techo. No sé si el año que viene no se le va a complicar, no sé si va a poder hacer el primario. Qué se yo. Paso a paso. Para un Cet o una escuela especial, tiene toda su vida. Por ahora, al jardín común puede ir, puede sortearlo. Para mí, que me habían dicho que un bebé con microcefalia era retraso seguro, es un montón. Y para ella, estar con chicos de su edad que la quieren, que la pasean con la silla, que la invitan a sus cumpleaños, que cada vez que llega al colegio le hacen una fiesta, que toman la leche de su mano, es la gloria. También pudo pintar (con su dificultad obvia) con distintas técnicas, jugar a la mamá, disfrutar las clases de música. Violeta entra y sale feliz del colegio. Eso para mí, es la gloria.

Al hermano de una compañera de Viole, que tiene una especie de tgd, le habían dicho que no iba a poder leer y escribir. Hoy terminó el secundario. O sea, el camino hacia la integración escolar es, como siempre digo, nadar en dulce de leche repostero. Se nos cierran las puertas en la cara, nos tildan de negadores, tantas cosas. Ustedes ya lo saben. Pero si ustedes creen que sus hijos pueden, aunque sea un poco, no importa, no bajen los brazos. Insistan. Si les pasa como la chica tucumana que la rebotaron en 30 colegios, salgan en los diarios. Nadie es iluso, ni negador, nosotros sabemos que los chicos no tienen techo, que no son un diagnóstico con patas.

Derriben las puertas. Escuela común, no te tenemos miedo.

“Una entre miles”- Aclaración

Hace varios años, en uno de mis primeros post contaba la historia de la hipoplasia del nervio óptico que le habían diagnosticado a mi hija y cómo misteriosamente se salía de la norma.

Hará 1 año aproximadamente que su ex neuroftalmóloga sospechaba de que tenga hipoplasia y le vuelve a mandar un fondo de ojo: le dio normal. El ojo es perfectamente normal. O sea, no es que Violeta fuera una entre miles sino que fue mal diagnosticada.

¿Por qué habrá pasado esto? La oftalmóloga tiene dos teoríoas: 1) Portación de diagnóstico: el primero que le hace un fondo de ojo ya sabía que tenía ACC y como la mayoría tiene hipoplasia del nervio óptico, me dijo eso. 2) Tal vez a los dos meses el nervio óptico no estaba maduro y maduró con el tiempo. Yo me inclino por la segunda. No creo que hayan sido tan poco serios. Igualmente esto nos sirvió para que vaya a estimulación visual de chiquita y eso la ayudó mucho para su cognición y coordinación. Ahora tiene un poco de estrabismo pero eso es por otra cosa.

El tema es que tantos años después, le dieron el alta. Ya alcanzó lo que tenía que alcanzar a su edad y sólo va a controlarse cada tanto. Estamos muy contentos, nunca pensé que le iban a dar el alta en alguna terapia jaja

Hago esta aclaración porque se comunicó conmigo la mamá de un bebé que tiene nistagmo y no se sabe la causa. Por ahí lee el viejo post y cree que mi hija es una especie de milagro. No, por ahora no lo es. Pero puede haberlos. Los médicos también se equivocan.

 

El abanderado

Hoy fuimos a estimulación visual con Viole (que tiene casi el alta ya, estamos muy contentos) y cuando nos estábamos yendo, nos cruzamos con un nene muy simpático que se puso a mirar unas canciones de la Princesita Sofía con ella. En el camino hacia el auto me dije “Yo a este nene lo conozco”. Pero de dónde.

Recién me acordé que hace poco había salido una nota sobre un nene con parálisis cerebral que fue elegido abanderado por sus compañeros. Igual que mi hija, va a escuela común y los padres en la nota opinan lo mismo que yo: es la mejor terapia.

Les dejo la nota sobre este nene. Me emocionó mucho leerla. Es un orgullo.

http://www.clarin.com/sociedad/paralisis-cerebral-jardin-eligieron-abanderado_0_1681631906.html

 

“No hablo ni camino, pero me hago entender”

Reproduzco una carta que salió el domingo en el diario que la encontró mi suegra de casualidad. En ésta, la mamá de Nicolás, un chico mayor de 21 años que tiene una encefalopatía, comenta acerca de la falta de centros educativos para mayores de edad.

Es cierto eso, pasados los 21 años, ¿qué hacer con un chico que no puede hablar ni cambinar? Existen los centros de día, pero lo ideal es que pueda seguir siendo estimulado.

A mí me falta mucho todavía pero comparto la preocupación.

Acá la carta:

http://www.clarin.com/opinion/hablo-camino-hago-entender_0_1682231788.html

Las cosas por su nombre. Acerca del “Ni una menos”.

Tenía 11 años y no me había desarrollado, me acuerdo bien. Habíamos ido con mi abuela y mi hermana a ver “Hook” en el cine. Volvíamos en colectivo (el 63) y estaba lleno. En eso siento algo en la entrepierna. Un tipo con una campera en la mano me estaba manoseando. Me puse nerviosa, no me animé a gritar, a decir nada. Después me tocó la cola y quiso meter la mano adentro de mi pantalón pero atiné a pegarle un codazo. Le pedí a mi abuela de bajarnos antes porque no me sentía bien y nos bajamos. No le dije nada a mi abuela, a mi hermana, a nadie. Sentía verguenza, asco, me fui a llorar al baño y no paré de sentirme “sucia” por mucho tiempo. Un año después, en Brasil, iba caminando con mi familia por la calle y un tipo, sin importarle que iba con mis viejos ni nada, se acercó a mi a manotearme la entrepierna. Mi mamá se dio cuenta enseguida y me corrió. Me desarrollé y empecé a sentir verguenza. Por esas épocas me vestía como un varón, me daba pudor ponerme malla y vociferaba que quería ser varón. Mis compañeras de primario decían que era lesbiana. No me importaba. Cualquier cosa con tal de no “provocar” otra situación desagradable. Con el tiempo fui entendiendo que no era mi culpa, que yo no provocaba nada y alrededor de los 14 volví a vestirme como mujer.

Cosas como las que estoy contando le pasaron a todas. A todas. No conozco a ninguna mujer a la que alguna vez no le hayan mostrado el pene por la calle, las hayan manoseado, “apoyado”, gritado guarangadas, susurrado en el oído. Lo peor de todo es que esto empieza aún cuando somos nenas. Esto es “normal”, se naturalizó, pasa desde el comienzo de los tiempos. Por suerte, desde hace poco, las mujeres no nos callamos. Se empezó a dejar de llamar “piropo” a las guasadas o comentarios que no queremos oír sobre nuestros cuerpos. Ahora es acoso callejero, las cosas por su nombre. Se empezaron a denunciar los manoseos en el transporte público.

Para muchos “no es para tanto”. “¿Por qué no se le puede decir algo lindo a las mujeres?” “Son unas exageradas” También… andan con esos shorts. Es como si quisieran que les toquen el culo” “Son todas putas”. Esto lo dicen tanto hombres como mujeres.

El año pasado quise armar un debate sobre acoso callejero entre una comisión de alumnos de secundario para adultos. Fue un fracaso total. Habló un solo varón y las chicas (muy pocas) expresaron su desagrado sobre los “piropos” pero la mayoría estaba jugando con el celular. Gente grande, por dios. Fue una de mis mayores frustraciones como docente.

Falta muchísimo por cambiar. Muchísimo.

La semana pasada asesinaron en Mar del Plata a una chica de 16 años. La agarraron 3 tipos, la violaron, la empalaron y la tiraron en un hospital haciéndola pasar como drogadicta. En Argentina, sólo el año pasado, murieron 268 mujeres por violencia de género. A estos crímenes de mujeres, por celos, etc, se les decía pasionales. Celebro el cambio de nombre. Ahora son femicidios. No es lo mismo morir en manos de un delincuente (no sé, te pegan un tiro por un robo) que morir por violencia de género (que te violen, te peguen, y aparezcas en una bolsa de basura sólo por ser mujer). No es lo mismo. Los dos motivos de muerte son dolorosos, son tremendos, estamos de acuerdo. Pero la marcha del “Ni una menos” no sólo exige justicia por los femicidios, no sólo pide estadísticas sobre femicidios, no sólo pide respeto en las comisarías cuando se hace una denuncia por violencia de género. La marcha del “Ni una menos” sirve para expresarnos. Para decir “A mí me pasó lo mismo”. Para decir “no es normal que te toquen, que te peguen, que te insulten, que te desvaloren. Denunciá. Habla”. Para decir “no es cultural que digan cosas en la calle. Es violencia”. Es para darle voz a quienes no la tienen. Es para decir “Estamos hartas de no saber si todas vamos a volver vivas cuando salimos”. Entre muchas otras cosas.

Este post está en este blog porque nuestras hijas son mucho más vulnerables que nosotras. Nuestras hijas o tienen un retraso mental, o no se pueden mover o no se pueden expresar. Por eso, hay que hablarles, explicarles, educarlas y hacerles saber que hay cosas que no son normales, que no hay que dejarlas pasar. Por eso hay que actuar para que estas cosas no les pasen.

Hay gente que piensa que no va a cambiar nada con una marcha. Yo creo que sí. Que miles de personas se hayan movilizado incluso con este día espantoso, frío y lluvioso para decir “Ni una menos” quiere decir algo: se está cambiando como sociedad, un poco al menos. Llamar las cosas por su nombre es un ejemplo. Ojalá ya no tengamos que gritar “Ni una menos”, ojalá nuestras hijas (discapacitadas o no) no tengan que bancarse todo lo que nosotras vivimos.

Movilizarse es un comienzo.

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Aclaración para quienes no viven en Argentina: Las marchas “Ni una menos” empezaron el año pasado organizadas por un colectivo de periodistas ante el femicidio de una chica que fue a buscar trabajo. Fue masiva. Se hizo otra este año y esta es la tercera a raíz del femicidio de Mar del Plata. Para hoy se le pidió a la gente que se vistiera de negro. A Viole la vestí de negro en vez de ponerle el uniforme del colegio, por ejemplo. Hoy vi muchas mujeres vestidas de negro, casi todas. La convocatoria fue masiva, explotó la Plaza de Mayo a pesar del clima. Creo que fue un día histórico.

 

El dilema de la NT plus

Tengo una amiga que está embarazada y le dieron la orden para hacerse la famosa NT plus. Pero se pregunta ¿es necesario hacer esto? Este post es para ella y es mi humilde opinión y nada más que eso. ¿Se entiende? Sólo mi opinión.  No la verdad absoluta.

¿Qué es la Nt plus? Una ecografía que se hace entre las semanas 11 y 13 semanas donde se mide el pliegue nucal del feto. Depende cuántos centímetros mida, los resultados de un análisis y la edad de la madre (se supone que si tenés más de 35 estás en el horno para las estadísticas) se ven las probabilidades de tener un hijo con Síndrome de Down, de Edwards, de Patau y no sé qué otro síndrome cromosómico.

¿Se puede ver un problema como el de Violeta? Depende, la holoprosencefalia no siempre es una anormalidad cromosómica. La de Violeta, por ejemplo, no es. No podría detectarse en este estudio.

¿Cómo se procede? Si te da con altas probabilidades de tener un hijo con alguna anomalía cromosómica, se recomienda hacer una punción (o sea, un mínimo riesgo de aborto, un estudio invasivo, reposo, etc) para confirmarlo. Se acompaña de un análisis de sangre cuyos resultados también se alteran con la edad pero sólo por estadística.

¿Y para qué sirve esta información? Yo creo que primero hay que preguntarse qué haría uno si el estudio le da mal: tener o no tener al hijo. Si uno decide tenerlo, ahí está el dilema. El estudio arroja posibilidades. No da certezas. Si una es mayor de 35 no es lo mismo para las estadísticas que tener 34. Una verdadera boludez porque en donde se rehabilita mi hija hay muchas mamás jóvenes con hijos Down.

¿Hay gente a la que le dio bien y después estuvo todo realmente bien?  Claro, recordemos que los que tenemos hijos con discapacidad somos una minoría. La mayoría de nuestros conocidos tiene hijos sanos.

Pero ojo al piojo. De mis conocidos, todos pero todos conocemos al menos una persona a la que este estudio le dio falsos positivos o falsos negativos. O sea mala sangre al pedo o felicidad y después… chan. Sorpresa y media.

Voy a mencionar los casos, todos verídicos. Analicemos

  1. Una amiga de Lorena (amiga mía): se hace el estudio. Le da altas probabilidades de tener un hijo con Síndrome de Down. Por temor a un aborto y pasar por la situación de la punción, prefiere no hacérsela y aceptar la realidad. Esa realidad le dio depresión, tanta que faltó al trabajo varios días y casi lo pierde. Todo el resto de las ecografías, el chico tenía Down. Se hacen la idea, se preparan, lo aceptan como pueden. Nace el chico y no tenía nada. Hoy tiene 4 años y es perfectamente sano. Todavía se pregunta la necesidad de haberla pasado tan mal durante el embarazo.
  2. La jefa de Cynthia (otra amiga): 39 años, cuarto hijo. La edad le aumentó el riesgo. Estaba decidida a no tenerlo y se hace la punción: el nene no tenía nada. Mala sangre al pedo. Pero por lo menos la mala sangre duró menos que el caso anterior.
  3. Unos amigos míos: se hacen el estudio. Les da mal. Se hacen la punción: la nena tiene Síndrome de Down. Y tuvo, obviamente. La punción no falla. A ellos les sirvió para poder prepararse para recibirla, se le descubrió una cardiopatía que operaron una vez nacida la nena y ésta llegó con ellos teniendo la noticia digerida.
  4. Una amiga de Pablo (otro amigo): Igual al caso 1. Todos las ecografías le indicaban que el hijo tenía Down. La pasó mal, obviamente. Nació y … no tenía nada. Se pregunta lo mismo que el caso 1.
  5. La mamá de un nene que se rehabilita con Violeta: Se hace el estudio. Le da bien. El pliegue nucal, todo. Bárbaro. El corazón, bárbaro. Los riñones, bárbaros. Nace y… tiene Síndrome de Down. No salió en ninguna ecografía.

Mi médico clínico me comentó un par de casos también, yo igual no los conozco por eso no los menciono.

Ahora, ¿Qué tiene de malo tener un hijo con Síndrome de Down? Nada. ¿Los padres de hijos con discapacidad son infelices? No todos, por supuesto, pero esa felicidad no es plena, es velada, es como dice la mamá del post anterior, como vivir con un telón de fondo. Nadie espera tener un hijo con discapacidad, nadie lo anhela. Por eso la mala sangre, por eso el shock cuando nos enteramos. Por eso la depresión. Por eso cuesta conectarse con un embarazo donde ya sabemos que algo no anda bien. Por eso todo lo que hablo siempre.

El tema es: ¿es necesario pasar por una punción o meses de mala sangre? Qué se yo, en el caso 3 les sirvió para hacerse a la idea. Creo que a la gente que le sirve para quedarse  tranquila, bienvenido. Yo si estuviera en sus zapatos, no me lo haría. Ya sé lo que es la mala sangre. Ya sé lo que es tener un hijo con discapacidad, estoy preparada. No necesito esa información, no es una información que me ayude a prevenir nada. Si el chico tiene Down y te enterás cuando nace, ya sabés que hay que hacerle estudios para detectar cardiopatías etc. Como cualquier chico con discapacidad. Cuando me enteré que Violeta tenía un quiste interhemisférico y que eso podía ser una agenesia del cuerpo calloso, le recomendaron a mi obstetra meterme embarazada en un resonador para ver bien qué era y bla bla. Me negué. ¿Para qué hacerme pasar por eso? Las imágenes son mejores cuando el chico ya nació. Ya la estaba pasando bastante mal, basta. Ya sabía que la nena venía con “algo”. No quería que me rompan las bolas, quería que me dejarán en “paz” (lo pongo en comillas porque paz era lo que menos tenía), que me dejaran “disfrutar” lo que quedaba del embarazo. Repito, ya venía con “algo”, ya el pediatra y el obstetra habían alertado a la neo del sanatorio donde tuve a Viole. Ya me esperaban con la incubadora (al final no la necesitó, se fue conmigo). Ya sabíamos que a los 3 meses, por las dudas, iba a empezar estimulación temprana. Ya sabíamos, que cuando naciera, había que estudiarle los riñones, el corazón, etc etc. ¿Para qué saber el diagnóstico exacto tan temprano? Tomé la mejor decisión.

Hacerse la Nt plus para mí también depende de qué tan lejos quiere llegar la madre, qué estudios está dispuesta a hacerse. Si una no quiere hacerse la punción, pienso que no debería hacerse la NT porque es sólo una probabilidad.  Creo que quien decide no hacerlo tendría que tener la precaución de tener al hijo en un lugar con buena neonatología por las dudas. Creo que el embarazo hay que disfrutarlo, poder conectarse. No está bueno que una probabilidad te lo arruine. Pero esa es mi humilde opinión. No me gustan los estudios imprecisos.