El año escolar. Diluyendo el dulce de leche repostero.

Hoy se terminaron las clases. La mayoría de los padres suben a Facebook alguna foto de su hij@ con la leyenda “(próximo año) No te tenemos miedo” o “Qué orgullos@ estoy de vos, hijit@”. Siempre que veo esas cosas digo, “pero qué gente boluda, cualquiera pasa de salita” o “le escriben a un pibe que está en jardín y no sabe leer. Orates”. Eso claro, hasta hoy. Me tocó a mí. No subí nada a Facebook pero sí  me sentí orgullosa de mi hija porque su primer año escolar fue un éxito. Obviamente tiene el plus por la simple razón de que Viole tiene HPE y  ningún colegio (salvo el que la aceptó) puso fichas en ella y creyó que podía cursar en una escuela común. “No estamos preparados para un caso así” “Tenemos escaleras” “No tenemos las herramientas para trabajar con tu hija”  “Creemos que va a estar mejor en una escuela especial”. Su escuela, a pesar de los miedos del principio, miedos lógicos porque era la primera vez que aceptaban a una nena con una discapacidad como la de Violeta, creyó que podía. Y pudo. Me terminaron diciendo que Violeta los sorprendió. El informe escolar dice “Violeta es muy importante para el grupo (…) Logró, con ayuda de su integradora, el juego simbólico y adaptarse a las rutinas propuestas”. Digamos, logró los objetivos del currículum de su sala. Sólo tengo palabras de agradecimiento a su colegio y sobre todo, a su directora que nunca me puso un pero.

La fonoaudióloga de Viole siempre me dice que la gente cuando ve a un chico con discapacidad motora, sólo ve su cuadro. Al verlos postrados, con espasticidad, etc, atomáticamente ven a un chico con retraso mental. Y no siempre es así. No digo que Viole no esté un poco más atrás que un chico de su edad, pero demostró poder hacer cognitivamente muchas cosas. Con el Tobii ya juega, elige música y de a poco se la puede ir evaluando. Saber qué es exactamente lo que sabe. Esperemos que con el tiempo, pueda salir de su cuerpo y hacerse realmente entender.

Mucha gente, sin necesidad de ser mala leche, ojo, me dijo “Hay que ser realista. Si no puede hablar, no puede ir a un colegio común”. O sea, estoy negando la realidad. Creo que me dijeron eso porque sólo ven su cuadro. No la conocen. Creen que todos los chicos con su diagnóstico son iguales. A todos les pasa lo mismo. Y no. No es así. Yo me daba cuenta que mi hija entiende los chistes, que camina en el caminador si hay un nene dando vueltas, que sabe lo que es una fruta, que no es lo mismo que un churrasco,que los perros van con los perros y los zapatos con los zapatos, entre otras. Algo me decía que ella podía. Y lo intenté. Si mi nena no estuviera conectada, no supiera ni dónde está, me diera cuenta que no entiende, no hubiera preguntado ni en medio colegio.

La verdad, no sé cuál va a ser su techo. No sé si el año que viene no se le va a complicar, no sé si va a poder hacer el primario. Qué se yo. Paso a paso. Para un Cet o una escuela especial, tiene toda su vida. Por ahora, al jardín común puede ir, puede sortearlo. Para mí, que me habían dicho que un bebé con microcefalia era retraso seguro, es un montón. Y para ella, estar con chicos de su edad que la quieren, que la pasean con la silla, que la invitan a sus cumpleaños, que cada vez que llega al colegio le hacen una fiesta, que toman la leche de su mano, es la gloria. También pudo pintar (con su dificultad obvia) con distintas técnicas, jugar a la mamá, disfrutar las clases de música. Violeta entra y sale feliz del colegio. Eso para mí, es la gloria.

Al hermano de una compañera de Viole, que tiene una especie de tgd, le habían dicho que no iba a poder leer y escribir. Hoy terminó el secundario. O sea, el camino hacia la integración escolar es, como siempre digo, nadar en dulce de leche repostero. Se nos cierran las puertas en la cara, nos tildan de negadores, tantas cosas. Ustedes ya lo saben. Pero si ustedes creen que sus hijos pueden, aunque sea un poco, no importa, no bajen los brazos. Insistan. Si les pasa como la chica tucumana que la rebotaron en 30 colegios, salgan en los diarios. Nadie es iluso, ni negador, nosotros sabemos que los chicos no tienen techo, que no son un diagnóstico con patas.

Derriben las puertas. Escuela común, no te tenemos miedo.

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