Las cosas por su nombre. Acerca del “Ni una menos”.

Tenía 11 años y no me había desarrollado, me acuerdo bien. Habíamos ido con mi abuela y mi hermana a ver “Hook” en el cine. Volvíamos en colectivo (el 63) y estaba lleno. En eso siento algo en la entrepierna. Un tipo con una campera en la mano me estaba manoseando. Me puse nerviosa, no me animé a gritar, a decir nada. Después me tocó la cola y quiso meter la mano adentro de mi pantalón pero atiné a pegarle un codazo. Le pedí a mi abuela de bajarnos antes porque no me sentía bien y nos bajamos. No le dije nada a mi abuela, a mi hermana, a nadie. Sentía verguenza, asco, me fui a llorar al baño y no paré de sentirme “sucia” por mucho tiempo. Un año después, en Brasil, iba caminando con mi familia por la calle y un tipo, sin importarle que iba con mis viejos ni nada, se acercó a mi a manotearme la entrepierna. Mi mamá se dio cuenta enseguida y me corrió. Me desarrollé y empecé a sentir verguenza. Por esas épocas me vestía como un varón, me daba pudor ponerme malla y vociferaba que quería ser varón. Mis compañeras de primario decían que era lesbiana. No me importaba. Cualquier cosa con tal de no “provocar” otra situación desagradable. Con el tiempo fui entendiendo que no era mi culpa, que yo no provocaba nada y alrededor de los 14 volví a vestirme como mujer.

Cosas como las que estoy contando le pasaron a todas. A todas. No conozco a ninguna mujer a la que alguna vez no le hayan mostrado el pene por la calle, las hayan manoseado, “apoyado”, gritado guarangadas, susurrado en el oído. Lo peor de todo es que esto empieza aún cuando somos nenas. Esto es “normal”, se naturalizó, pasa desde el comienzo de los tiempos. Por suerte, desde hace poco, las mujeres no nos callamos. Se empezó a dejar de llamar “piropo” a las guasadas o comentarios que no queremos oír sobre nuestros cuerpos. Ahora es acoso callejero, las cosas por su nombre. Se empezaron a denunciar los manoseos en el transporte público.

Para muchos “no es para tanto”. “¿Por qué no se le puede decir algo lindo a las mujeres?” “Son unas exageradas” También… andan con esos shorts. Es como si quisieran que les toquen el culo” “Son todas putas”. Esto lo dicen tanto hombres como mujeres.

El año pasado quise armar un debate sobre acoso callejero entre una comisión de alumnos de secundario para adultos. Fue un fracaso total. Habló un solo varón y las chicas (muy pocas) expresaron su desagrado sobre los “piropos” pero la mayoría estaba jugando con el celular. Gente grande, por dios. Fue una de mis mayores frustraciones como docente.

Falta muchísimo por cambiar. Muchísimo.

La semana pasada asesinaron en Mar del Plata a una chica de 16 años. La agarraron 3 tipos, la violaron, la empalaron y la tiraron en un hospital haciéndola pasar como drogadicta. En Argentina, sólo el año pasado, murieron 268 mujeres por violencia de género. A estos crímenes de mujeres, por celos, etc, se les decía pasionales. Celebro el cambio de nombre. Ahora son femicidios. No es lo mismo morir en manos de un delincuente (no sé, te pegan un tiro por un robo) que morir por violencia de género (que te violen, te peguen, y aparezcas en una bolsa de basura sólo por ser mujer). No es lo mismo. Los dos motivos de muerte son dolorosos, son tremendos, estamos de acuerdo. Pero la marcha del “Ni una menos” no sólo exige justicia por los femicidios, no sólo pide estadísticas sobre femicidios, no sólo pide respeto en las comisarías cuando se hace una denuncia por violencia de género. La marcha del “Ni una menos” sirve para expresarnos. Para decir “A mí me pasó lo mismo”. Para decir “no es normal que te toquen, que te peguen, que te insulten, que te desvaloren. Denunciá. Habla”. Para decir “no es cultural que digan cosas en la calle. Es violencia”. Es para darle voz a quienes no la tienen. Es para decir “Estamos hartas de no saber si todas vamos a volver vivas cuando salimos”. Entre muchas otras cosas.

Este post está en este blog porque nuestras hijas son mucho más vulnerables que nosotras. Nuestras hijas o tienen un retraso mental, o no se pueden mover o no se pueden expresar. Por eso, hay que hablarles, explicarles, educarlas y hacerles saber que hay cosas que no son normales, que no hay que dejarlas pasar. Por eso hay que actuar para que estas cosas no les pasen.

Hay gente que piensa que no va a cambiar nada con una marcha. Yo creo que sí. Que miles de personas se hayan movilizado incluso con este día espantoso, frío y lluvioso para decir “Ni una menos” quiere decir algo: se está cambiando como sociedad, un poco al menos. Llamar las cosas por su nombre es un ejemplo. Ojalá ya no tengamos que gritar “Ni una menos”, ojalá nuestras hijas (discapacitadas o no) no tengan que bancarse todo lo que nosotras vivimos.

Movilizarse es un comienzo.

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Aclaración para quienes no viven en Argentina: Las marchas “Ni una menos” empezaron el año pasado organizadas por un colectivo de periodistas ante el femicidio de una chica que fue a buscar trabajo. Fue masiva. Se hizo otra este año y esta es la tercera a raíz del femicidio de Mar del Plata. Para hoy se le pidió a la gente que se vistiera de negro. A Viole la vestí de negro en vez de ponerle el uniforme del colegio, por ejemplo. Hoy vi muchas mujeres vestidas de negro, casi todas. La convocatoria fue masiva, explotó la Plaza de Mayo a pesar del clima. Creo que fue un día histórico.