Romper todo. Un quemo

Al final, la volví a quemar. Dije “Nunca tuvo focos epilépticos”. Bueno, la última polisomnografía dio mal. Tiene focos, muchos.

Vivo con miedo.

Hoy vemos a la neuróloga, seguramente querrá medicarla. No sé si conviene medicarla o no hasta que tenga un episodio. Qué se yo.

Vivo confundida.

Qué mierda todo.

Qué ganas de romper todo.

Qué mal que nos sale todo.

 

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“Si querés llorar, llorá”

Estoy podrida.

Como ya dije en varios post. La vida nuestra es como una curva con algunas (muy pocas, la verdad) mesetas.

La gente que lee esto dirá “Pero no hay que ser tan negativo. Hay que pensar en lo bueno y afrontar lo que nos toca vivir”. Re fácil. De manual.

Ahora bien. Violeta está desde hace un mes con dolores. No sabemos de qué pero se banca poco las sesiones de kinesiología y algunas posturas. La pierna izquierda, está muy rotada y el pie, en equino. Algo pasa con la cadera y mañana vamos a ver al neurortopedista.

El fantasma de la operación de nuevo. El fantasma del “no va a caminar”. De hecho, no camina, le cuesta usar el andador porque mete el pie muy adentro. Todo esto en un mes.

“Pero pensá en positivo”

“No llores”

“Dios le manda las batallas más duras a los mejores soldados”

“Dios le manda un angelito especial a los padres y bla bla bla”

Me dan ganas de matar a todos.

No tengo paz.

Cuando no es una, es otra y a medida que crece, es peor. Le digo a todos los que tienen sus frases hechas: ¿Qué dirían si están 24 horas lidiando con un futuro incierto, con un chico que no puede expresar qué le duele, qué le pasa? ¿Qué dirían si le tienen que cambiar la toallita a una chica que no sabe ni lo que es la menstruación? ¿Qué dirían si con problemas de columna tienen que ayudar a ir al baño a un chico de 35 años y ni hablar de limpiarle las partes? ¿Qué dirían si su hijo de 15 años no habla y hace berrinches como uno de 3 en un restaurante y revolea cosas a todo el mundo?

Que Dios le mande el angelito a otro y la batalla a otro, por favor. ¿No?

Que no llore. Claro, total… Piensen un segundo. Es imposible no llorar. Obvio que uno no lo hace delante del hijo y llora cuando se baña o cuando se da vuelta. En secreto siempre está la pregunta “¿Por qué a mí?” Y por más creyente que uno sea o no, no tiene explicación. Hay que laburar, es la que nos tocó. Pero no nos pidan que no pataleemos. Es normal. Es lo lógico, es lo que cualquiera haría si le pasan al menos una de todas las situaciones que escribí más arriba.

Yo sé que es difícil consolar a alguien que pasa un momento difícil. Es terrible. No sabe uno si poner “Un abrazo” o qué decir. Lo entiendo. Pero no nos pidan que no lloremos, que no nos pongamos mal porque es inevitable. No digo que estemos mal todo el tiempo, deprimidos, nuestro hijo no merece eso y hay que analizarse, salir adelante.

Pero un rato al menos, si querés llorar, llorá.