El hijo perfecto

Entre todas las cosas que leí en internet sobre el tema de discapacidad, aparece algo llamado como “el duelo del hijo perfecto”, algo doloroso y que genera, como ya dije en otro post, una especie de envidia hacia los demás, hacia todos los otros que tienen hijos sanos y para nosotros, perfectos. A veces veo en las revistas que algún famoso tiene un hijo y quiero que les salga con alguna discapacidad. Es como que a veces necesito que la gente deje de tener hijos perfectos, que todos tengan capacidades diferentes y que yo no me sienta tan sola, rodeada de tanta perfección.

De chica mi desempeño escolar era más bien pobre pero en el secundario y con un cambio de colegio, repunté. Tanto, que me volví obsesiva, insoporninatable. Al terminar el colegio, hice un terciario, cuando lo terminé me pareció poca cosa y me anoté en la UBA porque, según mi estúpida cadena de razonamiento, los únicos títulos que valen la pena son los de las universidades nacionales. En la facultad, llegué a dejar una materia porque me saqué 6 en un parcial. Después desaceleré un poco pero siempre me enfermé por buenas notas. No tiene ningún sentido, obvio, pero para mí era algo irracional, incontrolable.Terminé hace 2 años la eterna Cs. de la Comunicación con buen promedio. Ahá, qué bueno. ¿Y? Todo esto (que me da mucha verguenza confesar), viene a cuento porque cuando quedé embarazada tenía mil planes para mi hija: iba a ser la mejor alumna, iba a ir a los mejores colegios, iba a ser la más creativa y un montón de pavadas que suenan horrible pero las pensé. Al enterarme de que algo andaba mal con la bebé que estaba por venir, se me vino el mundo abajo, lógicamente.

¿Qué iba a ser de ella? No sé. No sé qué va a ser de ella. Nadie lo sabe de sus hijos, nadie sabe el futuro y menos cuando tenés un hijo con discapacidad. El nacimiento de mi hija, me bajó los decibeles. Se acabó esa hija perfecta, estudiosa, esa hija a la que iba a volver loca diciéndole que estudie.

Este duelo, que si bien creía que lo tenía asumido, se me está haciendo un infierno. Me vino en forma tardía. Entre todos los pronósticos espantosos que promete la malformación de Violeta, el retardo mental aparece como fija. Sin embargo, mi hija no parece serlo. No lo sé, tiene un año. Es una incógnita pero me doy cuenta que entiende todo lo que le digo, se adaptó muy bien a las rutinas aún desde chica (ella sabe que después de bañarse, hay que dormir de corrido), pide “agua” cuando quiere agua, le pasaron todas las pautas psicológicas acordes a su edad (la angustia del octavo mes más o menos al noveno, los miedos, etc), le preguntás qué quiere: si este o aquel chiche y elige con la mirada. No me da la impresión. Sin embargo, ¿Qué pasaría si lo fuera? y por otro lado, el retraso motriz se hace cada vez más evidente. A medida que pasa el tiempo, siento más la brecha entre los otros chicos de su edad y ella: no camina, no corre, no se para, no gatea, no agarra bien las cosas. Encima ahora, como ya tiene certificado de discapacidad, le encargaron una silla de ruedas y un bipedestador. Y me entra la angustia. Cuando le prueban el bipedestador, el técnico me dice “Bueno, cuando crezca, lo regulás así…”. Y pensaba “pero cuando crezca no lo va a necesitar, porque va a caminar”. Pero no se lo dije. Me cuesta distinguir la línea entre la esperanza y la negación. Prefiero llamarla esperanza.

El tema es que con el paso del tiempo, tal vez aumente la brecha. Me es inevitable comparar lo que hacen los chicos de su edad con lo que hace ella. Antes leía los libritos de desarrollo: “A tal mes hacen esto y aquello”. Al principio, todo bien, pero a partir de los 6 meses muchas de esas cosas que hacen los bebés, Violeta no las hacía. Y los dejé de leer, los sepulté en algún cajón. Mejor, me dejé de obsesionar. Si tengo otro hijo, tampoco los voy a leer.

El nacimiento de Violeta y su discapacidad, me bajaron los humos. Me bajaron las expectativas. Pasé de un “Yo quiero que sea doctora”, a un “Que haga lo que quiera” y ahora a un “Ojalá pueda hacer lo que quiera”. Con eso estoy más que conforme.